Parlen els alumnes

miércoles, 6 de febrero de 2013


Por un momento vamos a dejar de pensar en notes de tall, en  las PAU y  en cuantas me han quedado para junio. Por un momento vamos a escucharnos a nosotros mismos.
¿Os acordáis de vuestro primer día? Ahí, esperando en la plaza a que Mari abriese la puerta y poder entrar a ese gran edificio del cual parecía que jamás ibais a salir. Teníais miedo de entrar pero también ganas de conocer. Ese pequeño niño curioso aún sigue dentro de vosotros y hoy se irá para siempre. Pero antes, vamos a hacerle un gran homenaje, vamos a hacernos un gran homenaje, por nosotros y porque nos lo merecemos.
Este colegio ha sido nuestra segunda casa y estos profesores que tenemos aquí sentados son nuestros padres y madres de mentira, estas paredes nos han visto crecer. Miraos y recordaos, habéis cambiado chicos, hemos cambiado. Entramos como unos bebés llorones que nos parábamos a mitad de la escalera mirando por la ventana hasta que la yaya pasase y nos dijese adiós con la mano y ahora nos vamos como unos adultos llorones que tenemos miedo de que nos olviden. Hemos evolucionado, ya no somos Pikachu, somos Raichu. Tenemos las barras llenas de energía y muchos ataques nuevos, no debemos temer al mundo sino que  el mundo nos debe temer a nosotros.  No es broma, somos capaces de hacer realidad todo aquello que nos proponemos y lo sabemos, sólo tenemos que ponerle ganas.  Señores no nos hemos dado cuenta pero, ya tenemos una cosa más que poner en el currículum: - Hola, soy Aitor García y tengo el Graduado de Bachillerato… Bueno, es cierto, no llegaremos muy lejos con ello pero ahí es donde quería llegar.  Aún nos queda un largo camino por recorrer, tenemos 18 años y aún nos queda una vida por delante y esa vida la escogemos nosotros.
Ahora podríamos hacer un repaso de todo nuestro paso por esta escuela: hemos bailado polques, hemos hecho festivales vestidos de pastorcillos, hemos hecho una media de un millón de redacciones para los Jocs Florals (un millón no, un millón y medio) y sin contar las de los contes de ciència, nos hemos ahogado corriendo en este mismo gimnasio, nos hemos caído por las escaleras, nos hemos quedado encerrados en clase, nos hemos pegado sustos, nos hemos intoxicado en el laboratorio, hemos conocido a Nietzsche, a Gauss y a Lotka Volterra, incluso hemos llegado a calcular la distancia entre un satélite del meteosat y la Tierra ¿Alguien pide más? ¡Lo hemos hecho todo!  Quizás muchos pensaréis que sólo somos una generación más y que por aquí pasa una cada año. Nosotros tenemos la esperanza de, al igual que el colegio nos ha ayudado a crecer a nosotros, nosotros haber podido ayudar o al menos dejar una pequeña huella en estas paredes blancas o en el corazón de nuestros profesores. Suena cursi, sí, pero reconocemos que somos lo que somos gracias a que nos han enseñado como nos han enseñado, las circunstancias nos han definido y nos han formado, y no podían haberlo hecho mejor.
Y ahora toca la peor parte, la despedida. Tenemos que irnos, tenemos que coger nuestros pequeños conocimientos y abandonar esta pecera para irnos al océano repleto de depredadores, porque aquí ya no podemos hacer más. Ese niño curioso que entró el primer día se quedará aquí para siempre y nos recordará que el símbolo de nuestra infancia es este gran colegio de paredes blancas. Es el momento de marchar como adultos y con la cabeza bien alta porque ahí fuera nos espera un mundo nuevo lleno de felicidad.
Os echaremos de menos, no nos olvidaremos y esperamos que vosotros tampoco lo hagáis. Os deseamos toda la felicidad y toda la suerte del mundo. Gracias. 
Aitor i Ruth

 
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